miércoles, 28 de octubre de 2009

Don Quijote

No hay duda, Don Quijote,
que en la Casa de contratación
de Indias perviven
oficios en extinción.
Entre mestizajes raciales
te observaron balbuceando,
enjuto, quizá porque Dulcinea
hoy no se apareció.
Cuando se pusieron a
tu lado cogieron tu sombra
de expresión elegante,
yaciente en un biombo,
sintiendo que ellas no
podrían curar absolutamente nada
sin observar tu triste figura,
pensaron que ellas no podrían
expedir certificados si no las mirabas
al luchar entre molinos.

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