Eminente doctor, los seres
que gimen y se lamentan
tienen permiso de roer la muerte.
Dolor que envuelve ecos
joyceanos para guardarlos
en la suma de las geishas.
Viajes fugaces y amargos
efectuados al margen de otros.
Vouyerismo de ultramar,
frente a frente.
De pronto, la realidad
se convierte en demasiado irreal.
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