Mi alma ensordeció al escribir
relámpagos centelleantes
en siglos de ayer.
Me inquieta el encuentro
con los placeres, porque
entre ellos y yo hay
mil años de ausencias.
No hay salida si uno entra
en ese mundo de jardines
prohibidos, impregnados de
un olor animal.
Despierto en la noche,
perdido en aquellas ciudades
mágicas, donde la turquesa
catapulta luz femenina
en un sueño sin salida.
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