El barco zarpa en la noche,
tocado por la luz sin fondo ni forma.
En las sombras luminosas,
el marino resuelve un viaje
a los más profundo de la noche.
El amor escogió salir con la mirada
turbada en esas profundidades,
y un raro esplendor cae frustrado al vacío.
Allí, en el comienzo de las
conjeturas y fosforesencias, cuando
las luciérnagas femeninas asustadas
y hambrientas persiguen al navío.
De alguna manera, modificado
aparece en el agua dulce
el aroma del anís.
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